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La memoria se mueve en un proceso dialéctico entre el olvido y el recuerdo, de este modo nos orienta. Igualmente, permite la existencia de un “pasado”, siendo este una idea, pero al mismo tiempo una cosa tangible. En algunos casos y al ser usada también como un parámetro de comparación, la memoria es manipulable.
Una de las maneras en que la memoria también funciona, es al tener conciencia del paso del tiempo. Sin embargo, esta conciencia puede depender de la cultura, ya que no todas tienen la misma conciencia del paso del tiempo, y por ende no recuerdan del mismo modo.
En Egipto por ejemplo, tenían una noción de eternidad basada en una concepción mitológica del tiempo que implicaba una sincronización (es decir, que todo lo que pasaba en la historia, sucedía todo al mismo tiempo). Cuando se habla de memoria, existen teorías de que se puede hablar de dos tipos de ella, la memoria individual y la memoria colectiva. Algunas de las características de la memoria individual son la singularidad de la memoria (nadie los puede recordar tus recuerdos por ti y nadie los puede recordar como tu), el hecho de que en la memoria reside el vínculo original de la conciencia del pasado (tú tienes tu mi pasado y otra persona tiene su pasado) y el sentido de la orientación en el paso del tiempo como ya mencionamos anteriormente. En cambio, los defensores de la memoria colectiva no creen en la memoria individual, ya que aseguran que nadie recuerda solo consigo mismo como referencia, siempre hay algo colectivo que funciona como referencia para que se recuerde. Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, y al ser el pasado lo único seguro que se tiene, se puede decir que la memoria es una de las cosas más importantes en la vida, que quizá se da mucho por sentado.
Por: Sandra Ramírez Párima
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Septiembre 2020
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